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jueves, 22 de abril de 2010

Descifrando al Quijote.




En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en percha, escudo antiguo, caballo flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, guiso de carne la mayoría de noches, duelo y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún pollo de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto de ella concluía capa y paño, calzado de animal para las fiestas, con sus pantuflas de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su paño de lo más fino.

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